
UNA MIRADA A LA NOVELA BOQUITAS PINTADAS DE MANUEL PUIG DESDE ALGUNOS CONCEPTOS PLANTEADOS POR PIERRE BOURDIEU
“Hacía tiempo que algo no me conmovía y comencé a sonreírme en alta voz, porque acababa de reconocer la canción, a reírme, a soltar carcajadas porque era Noche de Ronda y pensé, Agustín, no has inventado nada, no has compuesto nada, esta mujer te está inventado tu canción ahora, ven mañana y recógela y cópiala y ponla a tu nombre de nuevo: Noche de ronda está naciendo esta noche”
Guillermo Cabrera Infante, Tres tristes tigres
RESUMEN
En la primera parte de este ensayo se describe a grandes rasgos la obra de Manuel Puig y se presentan las principales estrategias narrativas de la novela Boquitas Pintadas. En la segunda parte, se teje una relación entre algunos elementos presentes en la novela y algunos conceptos de Pierre Bourdieu presentes en el libro La Distinción Criterio y bases sociales del gusto.
PARTE I
PARTE I
De la obra de Manuel Puig se dijeron cosas malas, realmente malas, no sólo en los tiempos en que tímidamente se empezaron a conocer sus escritos sino, incluso, después de algunos años de su consagración. También se dijeron cosas buenas, muy buenas, la mayoría de ellas después de más de dos décadas de producción literaria, cuando por fin se descubrieron las claves de su escritura.
Se dijo que sus novelas eran fútiles –de hecho muchos críticos ni siquiera les dieron la categoría de novelas–, simples alegorías de un universo cursi o piezas saturadas de una exasperante trivialidad[1]. Pero otras voces expertas como la de Ricardo Piglia fueron contundentes en su apreciación al afirmar: “Puig fue más allá de la vanguardia; demostró que la renovación técnica y la experimentación no son contradictorias con las formas populares”[2].
La primera novela de Puig, La traición de Rita Hayworth aparecida en el año 1965, ya empieza a mostrar la clara intencionalidad de romper esquemas. Esta obra es una especie de decantación de un guión de cine[3] –algo que de por si ya es una trasgresión del canon– escrito en secreto durante prácticamente todas las noches comprendidas entre 1961 y 1962, en el cual se narra la pasión desbordada de una familia por el séptimo arte. Tiene un alto componente autobiográfico[4] y está ubicada espacialmente en una ciudad imaginaria –Coronel Vallejos– lugar que en realidad alude a General Villegas, el sitio de nacimiento y de permanencia de Puig es sus primeros años.
Boquitas pintadas, es quizá la más conocida de sus novelas. La historia se desarrolla en Coronel Vallejos (nuevamente Coronel Vallejos) y Buenos Aires entre 1934 y 1947. Está dividida en dos partes –Boquitas pintadas de rojo carmesí y Boquitas azules, violáceas, negras– cada una de ellas compuesta por ocho capítulos. La trama central reposa en una historia de amores cruzados que tiene como protagonistas y espectadores a los miembros de una sociedad pacata, hipócrita y esclava de las formalidades.
Se dijo que sus novelas eran fútiles –de hecho muchos críticos ni siquiera les dieron la categoría de novelas–, simples alegorías de un universo cursi o piezas saturadas de una exasperante trivialidad[1]. Pero otras voces expertas como la de Ricardo Piglia fueron contundentes en su apreciación al afirmar: “Puig fue más allá de la vanguardia; demostró que la renovación técnica y la experimentación no son contradictorias con las formas populares”[2].
La primera novela de Puig, La traición de Rita Hayworth aparecida en el año 1965, ya empieza a mostrar la clara intencionalidad de romper esquemas. Esta obra es una especie de decantación de un guión de cine[3] –algo que de por si ya es una trasgresión del canon– escrito en secreto durante prácticamente todas las noches comprendidas entre 1961 y 1962, en el cual se narra la pasión desbordada de una familia por el séptimo arte. Tiene un alto componente autobiográfico[4] y está ubicada espacialmente en una ciudad imaginaria –Coronel Vallejos– lugar que en realidad alude a General Villegas, el sitio de nacimiento y de permanencia de Puig es sus primeros años.
Boquitas pintadas, es quizá la más conocida de sus novelas. La historia se desarrolla en Coronel Vallejos (nuevamente Coronel Vallejos) y Buenos Aires entre 1934 y 1947. Está dividida en dos partes –Boquitas pintadas de rojo carmesí y Boquitas azules, violáceas, negras– cada una de ellas compuesta por ocho capítulos. La trama central reposa en una historia de amores cruzados que tiene como protagonistas y espectadores a los miembros de una sociedad pacata, hipócrita y esclava de las formalidades.
Los protagonistas son figuras de folletín que a diferencia de las tradicionales de novela rosa no están concebidas de una forma maniquea. Aquí la buena no es tonta, ni es tan buena, ni el galán es rico ni solícito, tampoco hay un final feliz. Sin embargo, a lo largo de todas las páginas aparecen otros personajes que representan el estereotipo de la sociedad de su tiempo: la malvada de buena familia, la sirvienta ingenua, la pobre ansiosa de escalar, el policía inescrupuloso, la madre soltera, el anciano desvalido.
Uno de los hechos que más impacto genera en los lectores y que en su momento causó mayor desazón a la crítica fue la forma audaz con la que Puig incorporó a su obra técnicas narrativas consideradas “profanas” para la literatura tales como las letras de las canciones populares, la radionovela, el género epistolar, la crónica social, el correo del corazón de las revistas y los epitafios.
La música popular se hace presente en los epígrafes que acompañan a cada uno de los capítulos mediante frases tomadas de tangos de Lepera y Manzi que anuncian lo que vendrá. De igual manera, la música se inserta en los diálogos por ejemplo cuando Nené, la protagonista de la novela, sentencia que las letras de los boleros “están hechas para todas las mujeres y a la vez para cada una de ellas en particular” a lo que su rival Mabel responde que “eso sucede porque los boleros dicen muchas verdades”. Y esto es algo que ella sabe muy bien porque en sus monólogos interiores compone sus propios boleros acomodados a su vida particular: “Juan Carlos, si puedes tu con Dios hablar que olvidarte no pude responderá,… la vida, con sus platos sucios y pañales y los besos de otro que debí esquivar… ¿pretendió la vida de ese modo tu amor borrar?... ja, ja…”
El género epistolar es el pretexto perfecto para desentrañar la esencia de la historia, porque gracias a dos paquetes de cartas amarrados con sendos listones azul y rosa se ponen en evidencia los amores encontrados de los protagonistas, las mentiras y las traiciones. Puig también juega con las identidades para generar un clima de confusión propio del melodrama utilizando como recurso la omisión intencional del nombre de las destinatarias, y le da al lector herramientas para que caracterice a los personajes de acuerdo con la forma como hacen uso del lenguaje, por ejemplo mostrando los constante errores ortográficos del protagonista masculino.
La radionovela[5] se manifiesta en dos planos, uno interno, que concierne a las protagonistas femeninas, en la medida en que para ellas como asiduas radioyentes constituye el espejo en el que desearían reflejarse para darle sentido a sus vidas vacías[6]. Y otro externo, que sirve al autor para montar el andamiaje de la novela. Lo anterior se explica en la forma como Puig distribuye los 16 capítulos a manera de folletín por entregas[7] que incluso están designados en el índice con esta categoría.
La reproducción textual de la crónica social y del correo del corazón se integra como otro de los elementos indispensables para configurar el panorama melodramático[8]. La crónica social porque exalta los “valores” del protagonista de turno mediante frases hechas a partir de fórmulas falsas e hipócritas tales como “querido hijo de esta población” o “poseedor de un cúmulo de dones”. El correo del corazón porque se muestra como un psicólogo a domicilio que con recetas generales pretende resolver los problemas sentimentales particulares.
De la misma manera, Puig se vale de otro recurso insospechado cuando utiliza los epitafios, esas frases escritas para quienes en vida han sido personas comunes con virtudes y defectos pero una vez muertos adquieren cualidades excepcionales de las cuales se deja testimonio tallado el mármol: “Tu recuerdo inolvidable tiene en mi corazón un templo que recibirá perennemente el incienso de mis lágrimas… Eternamente tu alma buena sea desde más allá la guía de tu hermanita…DIOS LO QUISO CELINA”.
El lenguaje como eje que atraviesa a todas estas estrategias narrativas, está cargado de frases manidas y almibaradas que Puig pone sin recato en boca de sus protagonistas “mi amor, este fue el día más felis (sic) de mi vida… ¡Nunca soñé que pudiera hacerte mía! El día de la primavera”. Pero su osadía va mucho más allá cuando se niega a utilizar a sus personajes como un mero escudo para dejar fluir la vena melodramática. Es el mismo narrador (¿quien si no Puig en persona?) el que abusa del adjetivo melifluo para construir los pasajes más dramáticos, pero así mismo introduce elementos que rompen el melodrama –como las faltas ortográficas del galán– y lo tornan grotesco:“Cuando la pasión los arrebata, sus figuras en la oscuridad permanecen cromadas, el corazón cromado se agrieta y brota la sangre roja, se desborda y tiñe el raso blanco, el satén blanco, las plumas blancas: es cuando el metal cromado no logra ya sujetar la sangre impetuosa que las bocas se acercan y todas las noches se regalan el beso prohibido”… “Tal vez un vago presagio asió su garganta con guante de seda, Mabel entre sus brazos estrechó un ramo de rosas y aspiró el dulce perfume”.
Al respecto Carlos Monsiváis explica: “Con sabia deliberación, el argentino Manuel Puig usa en sus primeras novelas el vocabulario, los escenarios y las frases culminantes del kitsch, entonces calificación de lo antiartístico sin el nombre y el verdadero prestigio de hoy(…) Con malicia cinegética, Puig se aproxima al lenguaje de la simplicidad y debilidad amorosas, a la malicia y la autoflagelación de la intimidad popular, a las frases hechas que una vez emitidas se convierten en revelaciones dramáticas para quien las usó, a la indudable cursilería que de tan acumulada dice otra cosa. Y, sobre todo, Puig se aproxima a la cultura oral, a la conversación como epistolario, al flujo verbal que es el aprovechamiento del tiempo en ciudades semimuertas…” (Monsiváis: 2000).
Así las cosas, podemos entender a Boquitas Pintadas desde su estructura narrativa como una pieza literaria que se vale del folletín (un género producto de una sociedad presa de los valores del consumo y del poder de clase) para intentar penetrar en la esencia de la clase burguesa.
PARTE II
Con estos primeros antecedentes podemos empezar a entretejer las relaciones de esta novela con conceptos planteados por Pierre Bourdieu en el libro La Distinción. Criterio y bases sociales del gusto.
El primer elemento para tener en cuenta es el concepto de Habitus de clase definido a partir de una combinación de capitales –capital económico, constituido por factores de producción; capital cultural, correspondiente al conjunto de las calificaciones intelectuales; capital social, correspondiente a las relaciones sociales de las que dispone un individuo y capital simbólico, correspondiente al conjunto de los rituales ligados al honor y al reconocimiento-- que genera un sistema de gustos o de disposiciones comunes a un conjunto de agentes que da una misma significación al conjunto de sus prácticas de consumo.
Frente al concepto de capital económico podemos ver como Puig presenta descarnadamente a una clase media provinciana que trata de mantenerse a flote con mucha dificultad y más que eso, con verdadero pavor de ser desenmascarada en su intento: “Lo mismo prefería morirse si era a cambio de trabajar como un animal todo el día por cuatro centavos para después volver a un rancho a lavarse bajo el agua fría de la bomba”.
Las mujeres de Coronel Vallejos, antes que utilizar la transformación del capital económico en capital escolar como estrategia para mantener la posición, emplean otros mecanismos como tratar de pescar a un buen partido que les asegure el futuro: “me ama un muchacho bueno pero de incierto porvenir. Es muy joven todavía, puede cambiar pero mi familia no lo quiere. Trabaja como perito mercantil (…) últimamente ha surgido un nuevo personaje en discordia: un joven estanciero menos apuesto que él, pero de trato más agradable, se ha valido de su amistad con papá para introducirse en casa y dirigirme palabras galantes…”
Mientras se cumplen el principal objetivo de sus vidas (el matrimonio) se dedican a ejercer profesiones feminizadas como ser maestra –la opción de Mabel y Celina, provenientes de la clase media alta– o dependienta de almacén –la opción de Nené de origen humilde con esperanzas de ascenso–:“Mi padre no me pudo hacer estudiar, costaba mucho mandarme al Lincoln a estudiar de maestra, no era más que jardinero y a mucha honra. Mamá planchaba para afuera y todo lo que se ganaba iba a la libreta de ahorro para cuando yo me casara y tuviera mi casa con todo”.
Los hombres de clase media por el contrario eligen profesiones consideradas de prestigio para transformar su capital económico (venido a menos) por su capital escolar: “¡casada con un médico! ¡Lo qué todas las chicas sueñan! y así también cumplir la fantasía de casarse con la más linda del pueblo, la más rica, la más apetecida. Pero algunos no lo logran, a pesar de ello, siguen cultivando su sueño o viviendo de las glorias de sus antepasados: “Mi viejo era contador público, recibido en Buenos Aires, con título Universitario ¿me entendés? No era un simple perito mercantil como yo”.
En los ejemplos anteriores se ven claramente las estrategias de reconversión, de las que habla Bourdieu es decir, las acciones y reacciones permanentes mediante las cuales cada grupo social se esfuerza por mantener o cambiar su posición en la estructura social y por moverse para conservar su sitio en sociedades donde el inmovilismo lleva a la desaparición.
Los estratos bajos, representados por Pancho, también desean abandonar la condición de obrero, de “negro”, con una profesión que les dé estatus “Pancho tomó coraje y le habló a este último de entrar a la policía como suboficial. El funcionario le contó que necesitaba muchachos forzudos como él pero que debía contar con unos ahorros para el curso de seis meses en la capital de provincia”.
Aquí entendemos entonces por qué, las presiones y las luchas de los grupos carentes de un determinado bien por apropiárselo se equiparan al empeño de las clases que se encuentra por encima de ellos –clases que hasta entonces son poseedoras de ese bien-- por mantener la singularidad y distinción de los bienes y títulos que poseen.
Sin duda el capital cultural de esta sociedad es muy pobre. Mientras logra casarse Mabel se prepara leyendo “Educación para el matrimonio” y “La verdad sobre el amor”. Para estar a la vanguardia de la moda lee Mundo femenino y París elegante. Sus constantes visitas al cinematógrafo están enfocadas a alimentar sus fantasías románticas y el prestigio que tiene entre sus amigas proviene de su conocimiento sobre la vida de las actrices de cine del momento y sobre los argumentos de las radionovelas: “Nené recordó que su amiga siempre había descubierto antes que ella cuáles eran la mejor película, la mejor actriz, el mejor galán, la mejor radionovela ¿Por qué se dejaba siempre ganar?”.
Juan Carlos entre tanto, ha llevado su formación escolar “al tope” al terminar la formación media. Se desempeña como perito mercantil y constantemente debe ofrecer disculpas a sus enamoradas por sus errores de gramática y ortografía “Vale: otra vez me olvidaba contarte que te manda saludos un señor muy bueno, internado aquí como yo. Me tomé el atrebimiento (sic) de mostrarle tus cartas y le gustan mucho, fíjate que es una persona de mucha educación, ex profesor de la universidad. A mi si me dicen que soy un animal para escribir”.
En Coronel Vallejos las relaciones sociales son el motor que mueve a la sociedad. Esto implica que existe una alta valoración del capital social porque se mira como otra estrategia de ascenso “La rabia mía es una: Celina quiso hacerle gancho al hermano con Mabel, y Usted sabe que Juan Carlos la afiló un poco pero, después dejaron. Antes de noviar conmigo. Pero parece que lo mismo Celina quedó con la esperanza de emparentarse con la familia de Mabel”.
Nené, la hija del jardinero se cuela en el club gracias a sus compañeras de escuela que tienen un mejor nivel socio-económico. Así conoce a su príncipe azul, que se convertirá en el escalón para acceder a una mejor posición: “Todo empezó en las época en que entré como empaquetadora en Al Barato Argentino y como de la escuela primaria era amiga de Celina y Mabel, que ya habían vuelto recibidas de maestras y Mabel además chica con plata, empecé a ir al Club Social”.
La vida de Nené en Buenos Aires es a otro precio. El anonimato de la gran ciudad impide entablar nuevas relaciones pero, simultáneamente le permite alejarse de el qué dirán. Fui a visitar un club para anotarlos a los chicos y había unos muchachos parecidos a los del Club Social. Claro que eran todos menores de veinticinco y yo ya voy para los treinta. Pero mire que desgraciados en ese Club, piden alguien que nos presente, otro socio, pero acá no conocemos a nadie en Buenos Aires…”
El capital simbólico es el elemento que más aparece presente en esta novela. Entendido como un conjunto de rituales ligados al honor o al reconocimiento, se convierte en el eje que atraviesa la obra.
La sociedad de Coronel Vallejos le da una misma significación al conjunto de sus prácticas y se convierte en un ente controlador de los individuos, en particular de las mujeres. El control no se ejerce mediante normas explícitas establecidas en alguna parte sino mediante el rumor que puede generar efectos demoledores en el futuro de las personas.
La fama, la virginidad y “el pudor” son los valores que priman, de allí la necesidad de mantener la apariencia cuando estos valores “se han perdido” y los sueños de matrimonio están pendiendo de un hilo por las previas experiencias sexuales que deben taparse de alguna manera: “Si, ayúdeme, Padre, porque con la vergüenza no consigo nada. Padre, ayúdeme a confesarle todo lo que he hecho. He mentido, le he mentido a mi futuro marido. Que tuve relaciones con un solo hombre, con un muchacho que se iba a casar conmigo y después se enfermó y no es verdad, lo estoy engañando”.
El caso de Raba, la sirvienta, procedente de las clases bajas, presenta diferencias en la medida en que su condición social “inferior” “no la obliga a guardar apariencias”. Así, aunque no se aparta del sueño de casarse como sus antiguas compañeras de escuelas –“Raba decidió que si alguien de otra clase social superior un día le proponía matrimonio, ella no iba a ser tonta y rechazarlo pero tampoco iba a ser ella quien lo provocase“– “engañada” asume su maternidad en solitario y sin la mirada inquisidora de nadie.
Decimos que Puig se detiene en minuciosas descripciones en apariencia baladíes justamente para hacer patentes los rituales sociales de esta típica sociedad provinciana: “como te decía, toda la ceremonia en la iglesia, y la mañana en el civil, tan nerviosa con el vestido y el peinado y la toca de tul que me quedaba tan mal en las pruebas, yo no sentía nada, nervios nada más…” “A las 22:20 Nélida y Juan Carlos vieron que la luz del dormitorio de los padres estaba apagada. Dejaron la vereda y dieron unos pasos hacia adentro. Nélida como de costumbre apoyó la espalda contra la columna metálica, sostén del alero de chapas. Cerró los ojos como de costumbre y recibió en la boca el primer beso de la noche”.
A partir de estos retratos detallados se explicita una sociedad en la que la que lo único que vale es aparentar aún a costa de sacrificar la felicidad: “Yo creo que una tiene que jugarse el todo por el todo, aunque sea una vez en la vida. Me arrepentiré siempre de no haber sabido jugarme”. El terror a la exclusión hace que los personajes se encasillen en una vida socialmente reglamentada, en una camisa de fuerza que en el caso de la protagonista se cristaliza veinte años más tarde en un tumor en la columna vertebral que le produce la muerte.
Para Bourdieu las maneras y los gustos estéticos de las clases dominantes se reproducen en los estratos bajos, lo cual no significa que las clases populares no tengan una estética propia. Bourdieu le imputa al gusto un papel fundamental que le permite establecer el mundo social representativo, esto es, el espacio de los estilos de vida en el que el indicador principal es el consumo. El gusto se define como “la propensión y aptitud para la apropiación (material y simbólica) de una clase determinada de objetos o prácticas enclasadas y enclasantes. Es la forma en la que se basa el estilo de vida[9]. Partiendo de esta explicación encontramos en la obra de Puig muchos elementos que permiten entender el concepto de estilo de vida, en particular en la prolija descripción de detalles del mobiliario, los trajes de los protagonistas y las habitaciones: “A la izquierda de la cama una pequeña biblioteca de cuatro estantes cargados de libros de texto de la escuela normal y algunas novelas (…) a los pies de la cama, una piel de conejo veteada de blanco, negro y marrón, en la pared opuesta una cama con, a un lado, una repisa adornada de muñecas, todas de cabello natural y ojos movibles…” “Tras de sí cierra la puerta del dormitorio, quita una pelusa adherida a la Virgen de Luján tallada en sal que adorna la cómoda y se tira sobre la cama boca abajo. Con una mano estruja los flecos de seda que bordean el cubrecama…”
En este punto es evidente que, tal como plantea Bourdieu, los objetos no son objetivos, es decir, no son independientes de los intereses y de los gustos de quienes los aprehenden. Las prácticas de consumo y las imágenes, representaciones y aspiraciones promovidas por esas prácticas son fundamentales para la construcción social de la identidad, puesto que esta identidad se manifiesta en términos de estilo de vida y no sólo en la dimensión de la ocupación material.
Sabemos que Nené es una dependienta de almacén que camina por la orilla del abismo a punto de caer en la miseria. Y lo sabemos por la comida que se sirve en su casa, por el jabón de lavar la ropa con el que debe bañarse, por el sufrimiento que tiene que pasar para evitar que su novio de una clase superior perciba el olor a desinfectante del jabón. A Raba la sirvienta por el contrario no le importa evitar el sudor de las axilas con ese líquido rojo antiséptico que le regaló su patrona con la advertencia de que puede quemarle la ropa. Su condición de sirvienta le da licencia para no oler a perfume fino.
Cuando Nené logra ascender socialmente gracias al matrimonio con Massa una de sus mayores preocupaciones es la falta de mobiliario, peor aún, el hecho de que alguien de su pueblo la visite y pueda darse cuenta de su situación. “Yendo hacia la cocina atraviesa un cuarto destinado a comedor donde solo hay una caja de cartón conteniendo un velador con pantalla de tul blanco. En el pequeño vestíbulo de entrada, destinado al living, tampoco hay muebles: mira el espacio vacío preguntándose si jamás reunirá el dinero para comprar todo al contado, pues ha resuelto evitar el pago adicional de intereses implícito en una compra a plazos”. Por eso mientras consigue equipar su hogar con unos muebles que reflejen su estatus económico y su felicidad de bien casada, miente y evita convites con sus amigas de infancia:”Hoy no Raba, porque tengo que salir. Pero un día quiero que vengas, así ves la casa. Lástima que mamá no puede ver la casa, con el nuevo comedor y el living, pocos tiene en Vallejos una casa como la mía, mamá no se la imagina”. Por fortuna para ella, cuando su rival la visita ha logrado amoblar el departamento (manteniendo con mucho esfuerzo el tapizado gracias a las colchas que lo cubren). Pero Mabel no se lleva una buena impresión de entrada al hogar de Nené “la ausencia de una alfombra en la entrada la tranquilizó: el edificio donde ella muy pronto habría de vivir contaba en cambio con ese elemento decisivo para definir la categoría de una casa”. Al final Nené termina bañada en lágrimas ante un terrible suceso: el descubrimiento de una pequeña chispa del cigarrillo de Mabel que ha quemado el mantel que tanto esfuerzo le costó mantener sin máculas.
En este aparte recordamos a Bourdieu cuando nos habla de una antítesis entre consumos considerados distinguidos y consumos considerados socialmente como vulgares. Esta antítesis se determina de acuerdo con la estructura del capital, las formas de mediación de los medios de apropiación de los que disponen los sujetos sociales y conforman las distintas maneras de relacionarse con las obras de arte y las creaciones estéticas en general.
CONCLUSIONES
Uno de los hechos que más impacto genera en los lectores y que en su momento causó mayor desazón a la crítica fue la forma audaz con la que Puig incorporó a su obra técnicas narrativas consideradas “profanas” para la literatura tales como las letras de las canciones populares, la radionovela, el género epistolar, la crónica social, el correo del corazón de las revistas y los epitafios.
La música popular se hace presente en los epígrafes que acompañan a cada uno de los capítulos mediante frases tomadas de tangos de Lepera y Manzi que anuncian lo que vendrá. De igual manera, la música se inserta en los diálogos por ejemplo cuando Nené, la protagonista de la novela, sentencia que las letras de los boleros “están hechas para todas las mujeres y a la vez para cada una de ellas en particular” a lo que su rival Mabel responde que “eso sucede porque los boleros dicen muchas verdades”. Y esto es algo que ella sabe muy bien porque en sus monólogos interiores compone sus propios boleros acomodados a su vida particular: “Juan Carlos, si puedes tu con Dios hablar que olvidarte no pude responderá,… la vida, con sus platos sucios y pañales y los besos de otro que debí esquivar… ¿pretendió la vida de ese modo tu amor borrar?... ja, ja…”
El género epistolar es el pretexto perfecto para desentrañar la esencia de la historia, porque gracias a dos paquetes de cartas amarrados con sendos listones azul y rosa se ponen en evidencia los amores encontrados de los protagonistas, las mentiras y las traiciones. Puig también juega con las identidades para generar un clima de confusión propio del melodrama utilizando como recurso la omisión intencional del nombre de las destinatarias, y le da al lector herramientas para que caracterice a los personajes de acuerdo con la forma como hacen uso del lenguaje, por ejemplo mostrando los constante errores ortográficos del protagonista masculino.
La radionovela[5] se manifiesta en dos planos, uno interno, que concierne a las protagonistas femeninas, en la medida en que para ellas como asiduas radioyentes constituye el espejo en el que desearían reflejarse para darle sentido a sus vidas vacías[6]. Y otro externo, que sirve al autor para montar el andamiaje de la novela. Lo anterior se explica en la forma como Puig distribuye los 16 capítulos a manera de folletín por entregas[7] que incluso están designados en el índice con esta categoría.
La reproducción textual de la crónica social y del correo del corazón se integra como otro de los elementos indispensables para configurar el panorama melodramático[8]. La crónica social porque exalta los “valores” del protagonista de turno mediante frases hechas a partir de fórmulas falsas e hipócritas tales como “querido hijo de esta población” o “poseedor de un cúmulo de dones”. El correo del corazón porque se muestra como un psicólogo a domicilio que con recetas generales pretende resolver los problemas sentimentales particulares.
De la misma manera, Puig se vale de otro recurso insospechado cuando utiliza los epitafios, esas frases escritas para quienes en vida han sido personas comunes con virtudes y defectos pero una vez muertos adquieren cualidades excepcionales de las cuales se deja testimonio tallado el mármol: “Tu recuerdo inolvidable tiene en mi corazón un templo que recibirá perennemente el incienso de mis lágrimas… Eternamente tu alma buena sea desde más allá la guía de tu hermanita…DIOS LO QUISO CELINA”.
El lenguaje como eje que atraviesa a todas estas estrategias narrativas, está cargado de frases manidas y almibaradas que Puig pone sin recato en boca de sus protagonistas “mi amor, este fue el día más felis (sic) de mi vida… ¡Nunca soñé que pudiera hacerte mía! El día de la primavera”. Pero su osadía va mucho más allá cuando se niega a utilizar a sus personajes como un mero escudo para dejar fluir la vena melodramática. Es el mismo narrador (¿quien si no Puig en persona?) el que abusa del adjetivo melifluo para construir los pasajes más dramáticos, pero así mismo introduce elementos que rompen el melodrama –como las faltas ortográficas del galán– y lo tornan grotesco:“Cuando la pasión los arrebata, sus figuras en la oscuridad permanecen cromadas, el corazón cromado se agrieta y brota la sangre roja, se desborda y tiñe el raso blanco, el satén blanco, las plumas blancas: es cuando el metal cromado no logra ya sujetar la sangre impetuosa que las bocas se acercan y todas las noches se regalan el beso prohibido”… “Tal vez un vago presagio asió su garganta con guante de seda, Mabel entre sus brazos estrechó un ramo de rosas y aspiró el dulce perfume”.
Al respecto Carlos Monsiváis explica: “Con sabia deliberación, el argentino Manuel Puig usa en sus primeras novelas el vocabulario, los escenarios y las frases culminantes del kitsch, entonces calificación de lo antiartístico sin el nombre y el verdadero prestigio de hoy(…) Con malicia cinegética, Puig se aproxima al lenguaje de la simplicidad y debilidad amorosas, a la malicia y la autoflagelación de la intimidad popular, a las frases hechas que una vez emitidas se convierten en revelaciones dramáticas para quien las usó, a la indudable cursilería que de tan acumulada dice otra cosa. Y, sobre todo, Puig se aproxima a la cultura oral, a la conversación como epistolario, al flujo verbal que es el aprovechamiento del tiempo en ciudades semimuertas…” (Monsiváis: 2000).
Así las cosas, podemos entender a Boquitas Pintadas desde su estructura narrativa como una pieza literaria que se vale del folletín (un género producto de una sociedad presa de los valores del consumo y del poder de clase) para intentar penetrar en la esencia de la clase burguesa.
PARTE II
Con estos primeros antecedentes podemos empezar a entretejer las relaciones de esta novela con conceptos planteados por Pierre Bourdieu en el libro La Distinción. Criterio y bases sociales del gusto.
El primer elemento para tener en cuenta es el concepto de Habitus de clase definido a partir de una combinación de capitales –capital económico, constituido por factores de producción; capital cultural, correspondiente al conjunto de las calificaciones intelectuales; capital social, correspondiente a las relaciones sociales de las que dispone un individuo y capital simbólico, correspondiente al conjunto de los rituales ligados al honor y al reconocimiento-- que genera un sistema de gustos o de disposiciones comunes a un conjunto de agentes que da una misma significación al conjunto de sus prácticas de consumo.
Frente al concepto de capital económico podemos ver como Puig presenta descarnadamente a una clase media provinciana que trata de mantenerse a flote con mucha dificultad y más que eso, con verdadero pavor de ser desenmascarada en su intento: “Lo mismo prefería morirse si era a cambio de trabajar como un animal todo el día por cuatro centavos para después volver a un rancho a lavarse bajo el agua fría de la bomba”.
Las mujeres de Coronel Vallejos, antes que utilizar la transformación del capital económico en capital escolar como estrategia para mantener la posición, emplean otros mecanismos como tratar de pescar a un buen partido que les asegure el futuro: “me ama un muchacho bueno pero de incierto porvenir. Es muy joven todavía, puede cambiar pero mi familia no lo quiere. Trabaja como perito mercantil (…) últimamente ha surgido un nuevo personaje en discordia: un joven estanciero menos apuesto que él, pero de trato más agradable, se ha valido de su amistad con papá para introducirse en casa y dirigirme palabras galantes…”
Mientras se cumplen el principal objetivo de sus vidas (el matrimonio) se dedican a ejercer profesiones feminizadas como ser maestra –la opción de Mabel y Celina, provenientes de la clase media alta– o dependienta de almacén –la opción de Nené de origen humilde con esperanzas de ascenso–:“Mi padre no me pudo hacer estudiar, costaba mucho mandarme al Lincoln a estudiar de maestra, no era más que jardinero y a mucha honra. Mamá planchaba para afuera y todo lo que se ganaba iba a la libreta de ahorro para cuando yo me casara y tuviera mi casa con todo”.
Los hombres de clase media por el contrario eligen profesiones consideradas de prestigio para transformar su capital económico (venido a menos) por su capital escolar: “¡casada con un médico! ¡Lo qué todas las chicas sueñan! y así también cumplir la fantasía de casarse con la más linda del pueblo, la más rica, la más apetecida. Pero algunos no lo logran, a pesar de ello, siguen cultivando su sueño o viviendo de las glorias de sus antepasados: “Mi viejo era contador público, recibido en Buenos Aires, con título Universitario ¿me entendés? No era un simple perito mercantil como yo”.
En los ejemplos anteriores se ven claramente las estrategias de reconversión, de las que habla Bourdieu es decir, las acciones y reacciones permanentes mediante las cuales cada grupo social se esfuerza por mantener o cambiar su posición en la estructura social y por moverse para conservar su sitio en sociedades donde el inmovilismo lleva a la desaparición.
Los estratos bajos, representados por Pancho, también desean abandonar la condición de obrero, de “negro”, con una profesión que les dé estatus “Pancho tomó coraje y le habló a este último de entrar a la policía como suboficial. El funcionario le contó que necesitaba muchachos forzudos como él pero que debía contar con unos ahorros para el curso de seis meses en la capital de provincia”.
Aquí entendemos entonces por qué, las presiones y las luchas de los grupos carentes de un determinado bien por apropiárselo se equiparan al empeño de las clases que se encuentra por encima de ellos –clases que hasta entonces son poseedoras de ese bien-- por mantener la singularidad y distinción de los bienes y títulos que poseen.
Sin duda el capital cultural de esta sociedad es muy pobre. Mientras logra casarse Mabel se prepara leyendo “Educación para el matrimonio” y “La verdad sobre el amor”. Para estar a la vanguardia de la moda lee Mundo femenino y París elegante. Sus constantes visitas al cinematógrafo están enfocadas a alimentar sus fantasías románticas y el prestigio que tiene entre sus amigas proviene de su conocimiento sobre la vida de las actrices de cine del momento y sobre los argumentos de las radionovelas: “Nené recordó que su amiga siempre había descubierto antes que ella cuáles eran la mejor película, la mejor actriz, el mejor galán, la mejor radionovela ¿Por qué se dejaba siempre ganar?”.
Juan Carlos entre tanto, ha llevado su formación escolar “al tope” al terminar la formación media. Se desempeña como perito mercantil y constantemente debe ofrecer disculpas a sus enamoradas por sus errores de gramática y ortografía “Vale: otra vez me olvidaba contarte que te manda saludos un señor muy bueno, internado aquí como yo. Me tomé el atrebimiento (sic) de mostrarle tus cartas y le gustan mucho, fíjate que es una persona de mucha educación, ex profesor de la universidad. A mi si me dicen que soy un animal para escribir”.
En Coronel Vallejos las relaciones sociales son el motor que mueve a la sociedad. Esto implica que existe una alta valoración del capital social porque se mira como otra estrategia de ascenso “La rabia mía es una: Celina quiso hacerle gancho al hermano con Mabel, y Usted sabe que Juan Carlos la afiló un poco pero, después dejaron. Antes de noviar conmigo. Pero parece que lo mismo Celina quedó con la esperanza de emparentarse con la familia de Mabel”.
Nené, la hija del jardinero se cuela en el club gracias a sus compañeras de escuela que tienen un mejor nivel socio-económico. Así conoce a su príncipe azul, que se convertirá en el escalón para acceder a una mejor posición: “Todo empezó en las época en que entré como empaquetadora en Al Barato Argentino y como de la escuela primaria era amiga de Celina y Mabel, que ya habían vuelto recibidas de maestras y Mabel además chica con plata, empecé a ir al Club Social”.
La vida de Nené en Buenos Aires es a otro precio. El anonimato de la gran ciudad impide entablar nuevas relaciones pero, simultáneamente le permite alejarse de el qué dirán. Fui a visitar un club para anotarlos a los chicos y había unos muchachos parecidos a los del Club Social. Claro que eran todos menores de veinticinco y yo ya voy para los treinta. Pero mire que desgraciados en ese Club, piden alguien que nos presente, otro socio, pero acá no conocemos a nadie en Buenos Aires…”
El capital simbólico es el elemento que más aparece presente en esta novela. Entendido como un conjunto de rituales ligados al honor o al reconocimiento, se convierte en el eje que atraviesa la obra.
La sociedad de Coronel Vallejos le da una misma significación al conjunto de sus prácticas y se convierte en un ente controlador de los individuos, en particular de las mujeres. El control no se ejerce mediante normas explícitas establecidas en alguna parte sino mediante el rumor que puede generar efectos demoledores en el futuro de las personas.
La fama, la virginidad y “el pudor” son los valores que priman, de allí la necesidad de mantener la apariencia cuando estos valores “se han perdido” y los sueños de matrimonio están pendiendo de un hilo por las previas experiencias sexuales que deben taparse de alguna manera: “Si, ayúdeme, Padre, porque con la vergüenza no consigo nada. Padre, ayúdeme a confesarle todo lo que he hecho. He mentido, le he mentido a mi futuro marido. Que tuve relaciones con un solo hombre, con un muchacho que se iba a casar conmigo y después se enfermó y no es verdad, lo estoy engañando”.
El caso de Raba, la sirvienta, procedente de las clases bajas, presenta diferencias en la medida en que su condición social “inferior” “no la obliga a guardar apariencias”. Así, aunque no se aparta del sueño de casarse como sus antiguas compañeras de escuelas –“Raba decidió que si alguien de otra clase social superior un día le proponía matrimonio, ella no iba a ser tonta y rechazarlo pero tampoco iba a ser ella quien lo provocase“– “engañada” asume su maternidad en solitario y sin la mirada inquisidora de nadie.
Decimos que Puig se detiene en minuciosas descripciones en apariencia baladíes justamente para hacer patentes los rituales sociales de esta típica sociedad provinciana: “como te decía, toda la ceremonia en la iglesia, y la mañana en el civil, tan nerviosa con el vestido y el peinado y la toca de tul que me quedaba tan mal en las pruebas, yo no sentía nada, nervios nada más…” “A las 22:20 Nélida y Juan Carlos vieron que la luz del dormitorio de los padres estaba apagada. Dejaron la vereda y dieron unos pasos hacia adentro. Nélida como de costumbre apoyó la espalda contra la columna metálica, sostén del alero de chapas. Cerró los ojos como de costumbre y recibió en la boca el primer beso de la noche”.
A partir de estos retratos detallados se explicita una sociedad en la que la que lo único que vale es aparentar aún a costa de sacrificar la felicidad: “Yo creo que una tiene que jugarse el todo por el todo, aunque sea una vez en la vida. Me arrepentiré siempre de no haber sabido jugarme”. El terror a la exclusión hace que los personajes se encasillen en una vida socialmente reglamentada, en una camisa de fuerza que en el caso de la protagonista se cristaliza veinte años más tarde en un tumor en la columna vertebral que le produce la muerte.
Para Bourdieu las maneras y los gustos estéticos de las clases dominantes se reproducen en los estratos bajos, lo cual no significa que las clases populares no tengan una estética propia. Bourdieu le imputa al gusto un papel fundamental que le permite establecer el mundo social representativo, esto es, el espacio de los estilos de vida en el que el indicador principal es el consumo. El gusto se define como “la propensión y aptitud para la apropiación (material y simbólica) de una clase determinada de objetos o prácticas enclasadas y enclasantes. Es la forma en la que se basa el estilo de vida[9]. Partiendo de esta explicación encontramos en la obra de Puig muchos elementos que permiten entender el concepto de estilo de vida, en particular en la prolija descripción de detalles del mobiliario, los trajes de los protagonistas y las habitaciones: “A la izquierda de la cama una pequeña biblioteca de cuatro estantes cargados de libros de texto de la escuela normal y algunas novelas (…) a los pies de la cama, una piel de conejo veteada de blanco, negro y marrón, en la pared opuesta una cama con, a un lado, una repisa adornada de muñecas, todas de cabello natural y ojos movibles…” “Tras de sí cierra la puerta del dormitorio, quita una pelusa adherida a la Virgen de Luján tallada en sal que adorna la cómoda y se tira sobre la cama boca abajo. Con una mano estruja los flecos de seda que bordean el cubrecama…”
En este punto es evidente que, tal como plantea Bourdieu, los objetos no son objetivos, es decir, no son independientes de los intereses y de los gustos de quienes los aprehenden. Las prácticas de consumo y las imágenes, representaciones y aspiraciones promovidas por esas prácticas son fundamentales para la construcción social de la identidad, puesto que esta identidad se manifiesta en términos de estilo de vida y no sólo en la dimensión de la ocupación material.
Sabemos que Nené es una dependienta de almacén que camina por la orilla del abismo a punto de caer en la miseria. Y lo sabemos por la comida que se sirve en su casa, por el jabón de lavar la ropa con el que debe bañarse, por el sufrimiento que tiene que pasar para evitar que su novio de una clase superior perciba el olor a desinfectante del jabón. A Raba la sirvienta por el contrario no le importa evitar el sudor de las axilas con ese líquido rojo antiséptico que le regaló su patrona con la advertencia de que puede quemarle la ropa. Su condición de sirvienta le da licencia para no oler a perfume fino.
Cuando Nené logra ascender socialmente gracias al matrimonio con Massa una de sus mayores preocupaciones es la falta de mobiliario, peor aún, el hecho de que alguien de su pueblo la visite y pueda darse cuenta de su situación. “Yendo hacia la cocina atraviesa un cuarto destinado a comedor donde solo hay una caja de cartón conteniendo un velador con pantalla de tul blanco. En el pequeño vestíbulo de entrada, destinado al living, tampoco hay muebles: mira el espacio vacío preguntándose si jamás reunirá el dinero para comprar todo al contado, pues ha resuelto evitar el pago adicional de intereses implícito en una compra a plazos”. Por eso mientras consigue equipar su hogar con unos muebles que reflejen su estatus económico y su felicidad de bien casada, miente y evita convites con sus amigas de infancia:”Hoy no Raba, porque tengo que salir. Pero un día quiero que vengas, así ves la casa. Lástima que mamá no puede ver la casa, con el nuevo comedor y el living, pocos tiene en Vallejos una casa como la mía, mamá no se la imagina”. Por fortuna para ella, cuando su rival la visita ha logrado amoblar el departamento (manteniendo con mucho esfuerzo el tapizado gracias a las colchas que lo cubren). Pero Mabel no se lleva una buena impresión de entrada al hogar de Nené “la ausencia de una alfombra en la entrada la tranquilizó: el edificio donde ella muy pronto habría de vivir contaba en cambio con ese elemento decisivo para definir la categoría de una casa”. Al final Nené termina bañada en lágrimas ante un terrible suceso: el descubrimiento de una pequeña chispa del cigarrillo de Mabel que ha quemado el mantel que tanto esfuerzo le costó mantener sin máculas.
En este aparte recordamos a Bourdieu cuando nos habla de una antítesis entre consumos considerados distinguidos y consumos considerados socialmente como vulgares. Esta antítesis se determina de acuerdo con la estructura del capital, las formas de mediación de los medios de apropiación de los que disponen los sujetos sociales y conforman las distintas maneras de relacionarse con las obras de arte y las creaciones estéticas en general.
CONCLUSIONES
· Boquitas Pintadas se muestra desde su estructura narrativa como una pieza literaria que busca presentar a partir de elementos despreciados por la literatura, un retrato de una sociedad anclada en una época específica con sus divisiones sociales, sus gustos y sus valores.
· La suma de los elementos gracias a los cuales Puig nos muestra esta sociedad de Coronel Vallejos nos permite entender el conjunto de variables que conforman una determinada clase en sus prácticas y establecer que la clase construida se define por la estructura de las relaciones entre todas las propiedades pertinentes que concede un valor propio a cada una de ellas y a los efectos que ejerce sobre las prácticas.
BIBLIOGRAFÍA
BOURDIEU Pierre. La distinción. Criterio y bases sociales del gusto. Editorial Taurus, España, 1979.
MONSIVÁIS Carlos. Aires de familia y sociedad en América Latina. Anagrama, colección argumentos 2000.
PUIG, Manuel. Boquitas Pintadas. Planeta, Buenos Aires, 2005.
Revista Ñ No 20. Diario El Clarín 2- 07- 2005
http://www.ucm.es/
http://www.leedor/.com
[1] Mario Vargas Llosa por ejemplo, le reconoce a Puig cierta originalidad que no se refleja en los temas ni en la estructura narrativa, sino en los materiales que utilizó para crear los tipos y estereotipos de la cultura popular: romances baratos, radioteatros y teleteatros, el melodrama de los boleros, los tangos y las rancheras, las columnas de chismes, los escándalos publicados por la prensa sensacionalista y, sobre todo, la seudo-realidad creada por las situaciones, los personajes y los sueños de las películas. Para Vargas Llosa, los grandes libros están hechos de palabras, de ideas, y no de imágenes y, dado que según él Puig recrea imágenes cuidadosas pero no ideas, su obra es más representativa de la llamada literatura liviana. Aparecido en el artículo “Disparen sobre el novelista”. Clarín, domingo 7 de febrero de 2001.
[2] En la tesis de doctorado en lenguaje y literatura hispánica Rostros y máscaras de Eva perón: Imaginario populista y representación (Argentina, 1951–2003) la investigadora Susana Rosano retoma la tesis de Ricardo Piglia quien sostiene que al armar una genealogía se podría pensar en la extrañeza de la literatura de Manuel Puig y su imprevisibilidad como “un vuelco en la literatura argentina regida por el buen gusto y la sobriedad, que habían sido impuestos por Borges y luego ‘democratizados’ por Cortázar”.
[3] En realidad el cine fue la verdadera vocación de Puig, más que vocación una forma idealizada de vida y, tal como el mismo lo dijera, “el único lugar en donde se hallaba realmente cómodo”. En 1956 toma la decisión de viajar a Roma a estudiar cine, sin embargo, sus estudios sólo le permitieron desempeñarse como polizón de rodajes y traductor de títulos de películas italianas. Información tomada de Revista Ñ No 20. Diario El Clarín 2- 07- 2005.
[4] Se presenta con el seudónimo de Toto, un niño que nunca crece que permanentemente se ve afectado por las habladurías del pueblo.
[6] La radionovela fue un verdadero fenómeno cultural de los años 40. La pieza precursora de este género, El derecho de nacer de Félix B. Caignet, alcanzó trascendencia universal al ocupar el primer lugar de audición en el mundo.
[7] Bella Josef explica que “el folletín, para la belle époque, era una forma de escape. Sin embargo, Puig no aplica enteramente la fórmula del género: supo elaborar su obra sin el rígido esquematismo de situaciones ni la estrecha univocidad de sentido común en los productos de masa. Si la psicología es buscadamente folletinesca, lineal, las categorías que usa para organizar el universo ficcional son antirrománticas. La atmósfera, cursi, brota de las mismas cosas, y el tono narrativo, de implacable objetividad, es de precisión documental”
[8] Para Jesús Martín Barbero el melodrama es un género ejemplar porque es el lugar en el que «se fusionan por primera vez la memoria narrativa y la gestual, las dos grandes tradiciones populares: la de los relatos y los espectáculos populares.
[9] Entendido como el conjunto de preferencias distintivas que expresan la misma intención expresiva en subespacios simbólicos tales como mobiliario, vestido, lenguaje o hexis corporal.

1 comment:
¡Atención a este "blog"!
Tenéis en el mismo algunos escritos de una de las "grandes promesas" de Colombia.
Nota para los más jóvenes : dentro de algún tiempo, os daréis postín recordando : "Yo leí en mi computadora un texto de esta misma que hoy todos reconocen como gran figura... ¡y me di cuenta de que lo era!
Os espero entonces... para que me deis la razón.
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